Erase una vez, en un lugar donde el campo estaba repleto de verde y los arboles median lo inimaginable, vivía un herrero rudo, un herrero de pocas palabras al que no le gustaba relacionarse.
Una noche de luna llena el herrero escucho sollozos en su taller y al acercarse a ver que ocurría, encontró un bebe justo al lado de la forja. En ese mismo momento, el herrero, que no tenia familia, no pensó en otra cosa que deshacerse de el, pero no abandonándolo en la fría noche, sino entregándolo a una familia que le pudiera dar lo que el no se creía capaz de ofrecerle, una buena vida, con amor, comida, y principios. El herrero pensó que lo mejor seria abastecerlo aquella noche y a la mañana siguiente encontrar una solución.
Lo llevó a su casa y lo acostó a su lado en la cama, el bebé no lloró ni un solo momento, y a la mañana siguiente, se despertó el herrero con la intención de ir a trabajar, pero el bebé estaba abrazando su brazo izquierdo, y era tan dulce... el herrero espero hasta que se despertó mirándolo fijamente. En aquel momento supo que el bebé iba a ser sus ganas de vivir.
El herrero, se convirtió en un buen padre, le enseño a su nuevo hijo cual era el que el creía que era el mejor camino. Le enseño a respetar, a ser honrado, a ayudar al prójimo, y a trabajar muy duro para poder comer.
El era muy feliz, y su padre, todavía mas de ver que había hecho un buen trabajo.
Un día, un emisario real llegó al pueblo con una carta para el herrero. Todo el pueblo quedó extrañado menos el herrero. El sabia que la única razón por la que podía llegar una carta de palacio era por su bien mas preciado, su joven hijo.
El herrero leyó la carta con cautela porque queria saber de que se trataba antes de que su hijo volviera del taller.
La carta decía:
Estimado herrero, me dirijo a usted por motivo de el joven al que usted llama hijo. Solo quería agradecerle noble trabajo que usted ha realizado con el, y quiero que sepa que mi intención no es arrebatárselo, pues si usted a recibido esta carta significa que mi vida a llegado a su fin.
Cuando el nació mi esposa no pudo sobrevivir al parto, y el deseo de ella siempre fue que su hijo se criara de la mejor de las maneras y que supiera lo que es vivir por si mismo. Cuando ella murió no supe como afrontarlo, y pensé que nunca podría darle a ese niño lo que ella quería para el. Así que lo deje al lado de su forja pues allí estaba cubierto y calentito. Desde entonces muy a menudo me acercaba al pueblo con ropa de sirviente para ver que era feliz, y así era. Solo puedo darle las gracias por haber criado a un hombre. Pero el motivo de esta carta es que tras mi muerte el es el heredero de todo un reino y cumplir con su deber. Usted puede ir a palacio con el si lo desea.
Me despido, el rey.
Al terminar la carta rompió a llorar, y estuvo dubitativo sobre si debería decírselo a su hijo o no.
Al llegar el joven a casa, el herrero le entregó la carta y se fue a pasear. Cuando volvió el joven herrero le dijo que debían irse a palacio amenos a corroborar que la carta fuera verdadera.
El herrero se negó a ir, pues pensaba que debía seguir su camino solo, ya que su vida era el hierro y el trabajo duro.
El joven herrero se dirigió al palacio y una vez allí lo trataron como a un rey. Estuvo un tiempo en el palacio, pero no estaba cómodo en aquel lugar, donde la comida de la mesa era abusiva y no le dejaban comer con las manos, donde otros le limpiaban la ropa y los platos, donde no había mas trabajo que echar un par de firmas y asistir a un par de reuniones. La vestimenta, era pesada y calurosa. Siempre tenia que estar todo perfecto y todas sus amistades no eran mas que gente que quería aprovecharse de su dinero...
Estaba fuera de su hábitat, y a el le encantaba la vida que tenía junto al herrero. ¿Quien habría imaginado que siendo el mas rico del reino, y con todo el mundo a sus pies no podría un hombre ser feliz?
Así que el joven renunció a todo aquello y volvió a la casa de su verdadero padre. El hombre que le había criado y que le había enseñado lo que era la felicidad, lo que era ensuciarse las manos para que la comida sepa mejor.

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