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sábado, 27 de septiembre de 2014

La respuesta dependerá de cómo enfoques la pregunta.



A menudo solemos preguntarnos a nosotros mismos sobre cosas de las que ya tenemos una opinión, quizá confusa, pero creemos saber la respuesta aunque no estamos completamente seguros. Cuando esto sucede y teniendo en cuenta que las personas somos tan negativas lo lanzamos todo a perder.

Ejemplo:
Estás en un trabajo estable, pero tienes problemas, problemas pequeños, y sin embargo no eres feliz o no eres todo lo feliz que te gustaría ser, y entonces recibes una oferta de otro trabajo y te preguntas…¿Debería dejar el trabajo? Y así lo haces, tu ya tenías la respuesta fácil, dejar el trabajo y olvidar esos problemas, empiezas en el otro trabajo y al principio todo va bien pero poco a poco tienes problemas peores que en el anterior y eres todavía menos feliz.

Pues donde quiero llegar es justo antes de tomar la decisión, meditar bien todo aquello que tiene tal importancia en tu vida. Volviendo al ejemplo anterior, llegaríamos a tal punto en el que tendríamos dos posibles preguntas ademas de la ya planteada, una de ellas en este ejemplo queda descartada por su incompatibilidad aunque en otros casos sería una posible solución intermedia (¿Dejo de trabajar?) mientras que la otra sería (¿Cómo puedo solucionar los problemas que tengo en el trabajo?) y claramente está es la mejor pregunta, la que menos riesgos supone, y la que con menos esfuerzo más fácil te proporciona la felicidad. 

Quizás algunos de ustedes, no lo hubieran hecho así pero creo que la mayoría sí. Ahora podemos ver la diferencia de unas preguntas a otras, las cuales tienen el mismo fin pero se afrontan de diferente forma y tienen diferentes consecuencias.

Por eso les digo, antes de preguntarse algo importante, ten en cuenta que la respuesta dependerá de cómo enfoques la pregunta ya que tu pregunta será más de media respuesta.



sábado, 13 de septiembre de 2014

Somos lo que parecemos.



Llega un día, en el que sabes que vas a empezar uno de los viajes mas maravillosos del mundo, uno de los viajes que marcan a las personas, uno de esos a los que no se le puede decir que no. Empiezas esa aventura, con mucho miedo y ganas a la vez, descubres otro mundo, diferente al tuyo en todos los sentidos, nueva gente, nuevos lugares, y nuevas metas.

Y mientras estaba haciendo dicho viaje, comencé a pensar en las apariencias, y en todo lo que suponía el parecer.

El mundo es tan confuso, por más que digamos que las cosas son de una forma o de otra, es tan difícil tener la razón…

 Existen dos tipos de personas:
Las personas que son lo que parecen y las personas que cuando las conoces bien no son lo que parecen.
Vamos a hablar de las segundas.

Somos lo que parecemos ser, y a la vez no lo somos. Somos los culpables de lo que parecemos, no podemos negar eso, aunque luego seamos de otra forma totalmente distinta.

Si para el que no nos conoce somos algo (lo que parecemos) y para el que nos conoce, somos lo que hay tras la apariencia, quiere decir que estamos siendo dos cosas distintas a la vez, porque…  ¿ no es la apariencia como una imagen sin completar? Pero aunque la imagen esté sin completar sigue siendo una imagen, y cuando la imagen se complete, será distinta a la imagen sin completar, por lo tanto, serán dos imágenes distintas pero ambas seguirán siendo imágenes.

Es decir, somos lo que parecemos ser, porque nuestra apariencia siempre será lo que somos para el que no nos conozca, pero a la vez no somos lo que parecemos ser para el que nos conoce.


Descifrando nuestro mundo uno se puede volver loco.