A menudo solemos preguntarnos a nosotros mismos sobre cosas de las que ya
tenemos una opinión, quizá confusa, pero creemos saber la respuesta aunque no
estamos completamente seguros. Cuando esto sucede y teniendo en cuenta que las
personas somos tan negativas lo lanzamos todo a perder.
Ejemplo:
Estás en un trabajo estable, pero tienes problemas, problemas pequeños, y
sin embargo no eres feliz o no eres todo lo feliz que te gustaría ser, y
entonces recibes una oferta de otro trabajo y te preguntas…¿Debería dejar el
trabajo? Y así lo haces, tu ya tenías la respuesta fácil, dejar el trabajo y
olvidar esos problemas, empiezas en el otro trabajo y al principio todo va bien
pero poco a poco tienes problemas peores que en el anterior y eres todavía
menos feliz.
Pues donde quiero llegar es justo antes de tomar la decisión, meditar bien
todo aquello que tiene tal importancia en tu vida. Volviendo al ejemplo
anterior, llegaríamos a tal punto en el que tendríamos dos posibles preguntas
ademas de la ya planteada, una de ellas en este ejemplo queda descartada por su
incompatibilidad aunque en otros casos sería una posible solución intermedia
(¿Dejo de trabajar?) mientras que la otra sería (¿Cómo puedo solucionar los
problemas que tengo en el trabajo?) y claramente está es la mejor pregunta, la
que menos riesgos supone, y la que con menos esfuerzo más fácil te proporciona
la felicidad.
Quizás algunos de ustedes, no lo hubieran hecho así pero creo que la
mayoría sí. Ahora podemos ver la diferencia de unas preguntas a otras, las
cuales tienen el mismo fin pero se afrontan de diferente forma y tienen
diferentes consecuencias.
Por eso les digo, antes de preguntarse algo importante, ten en cuenta que
la respuesta dependerá de cómo enfoques la pregunta ya que tu pregunta será más
de media respuesta.

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