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sábado, 13 de septiembre de 2014

Somos lo que parecemos.



Llega un día, en el que sabes que vas a empezar uno de los viajes mas maravillosos del mundo, uno de los viajes que marcan a las personas, uno de esos a los que no se le puede decir que no. Empiezas esa aventura, con mucho miedo y ganas a la vez, descubres otro mundo, diferente al tuyo en todos los sentidos, nueva gente, nuevos lugares, y nuevas metas.

Y mientras estaba haciendo dicho viaje, comencé a pensar en las apariencias, y en todo lo que suponía el parecer.

El mundo es tan confuso, por más que digamos que las cosas son de una forma o de otra, es tan difícil tener la razón…

 Existen dos tipos de personas:
Las personas que son lo que parecen y las personas que cuando las conoces bien no son lo que parecen.
Vamos a hablar de las segundas.

Somos lo que parecemos ser, y a la vez no lo somos. Somos los culpables de lo que parecemos, no podemos negar eso, aunque luego seamos de otra forma totalmente distinta.

Si para el que no nos conoce somos algo (lo que parecemos) y para el que nos conoce, somos lo que hay tras la apariencia, quiere decir que estamos siendo dos cosas distintas a la vez, porque…  ¿ no es la apariencia como una imagen sin completar? Pero aunque la imagen esté sin completar sigue siendo una imagen, y cuando la imagen se complete, será distinta a la imagen sin completar, por lo tanto, serán dos imágenes distintas pero ambas seguirán siendo imágenes.

Es decir, somos lo que parecemos ser, porque nuestra apariencia siempre será lo que somos para el que no nos conozca, pero a la vez no somos lo que parecemos ser para el que nos conoce.


Descifrando nuestro mundo uno se puede volver loco.

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