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sábado, 6 de diciembre de 2014

La risa, ¿medicina o enfermedad?



La risa va unida al hombre desde el principio de la existencia, desde antes de que nacieran los abuelos de tus abuelos, desde antes de la existencia de las palabras, aunque es evidente, no nos fijamos en ello. Nunca he visto reír a un perro o a un gato, quizá si a un mono, pero bueno, dicen ser nuestros antepasados, algo tenemos que tener en común.

Es cierto que algunos animales, como por ejemplo los loros, son capaces de emitir un sonido similar a nuestra risa, no obstante, no sienten lo que sentimos nosotros.

La risa, ¿medicina o enfermedad? Si bien es cierto que reír te lleva a lo más alto, te hace sentir invencible y seguro de ti mismo, también es cierto que la risa mal utilizada puede causar mucho dolor.




Una vieja historia cuenta que el demonio envidioso de lo que Dios había conseguido con la humanidad, creo la risa como un arma de doble cara para enseñar a Dios que las personas no eramos tan buenas como parecíamos.

Como todos sabemos, la risa es muy poderosa, te lanza hacia la felicidad en un abrir y cerrar de ojos, algo de lo que el demonio quería aprovecharse para sacar toda maldad que habita en el ser humano.

El demonio pretendía que nuestro egoísmo por conseguir la felicidad venciera a nuestra bondad, y así, conseguir la felicidad a través de burlas y ataques de risa crueles  sobre los más débiles, sobre los desafortunados. Es por esto que a la risa solía llamársela el alma del demonio.

Lamentablemente, a pesar de que la mayoría de la gente entendía que había cosas que no estaban bien, todavía existían unos cuantos a los que no les importaban los demás.

Ese día, a pesar de que el demonio perdió, le dio una lección a Dios mientras que Dios obtuvo una victoria que le supo a derrota. La risa permaneció en los humanos como castigo para saber quién merecía ir al cielo y quién permanecería en el oscuro infierno.
FIN


Y ahora.. que me dices ¿medicina o enfermedad?

Cada uno elige el uso que le da a la risa. Por tu bien y por el bien de los demás, ríete muchísimo, ríete de ti mismo, ríete con los demás, y ríete del prójimo siempre y cuando no sea cruelmente.




¿No hechas de menos ese dolor de mandíbula que surge mientras ríes y a pesar del dolor no eres capaz de detenerte?
Porque yo si.





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