Parece tan claro y a la vez tan absurdo, todos los seres nacemos con un instinto de supervivencia,
que en muchas ocasiones nos impulsa a realizar actos sucios, feos, repulsivos.
Lamentablemente en nuestro mundo, el que tiene más dinero gana, el que tiene
mejor puesto, gana, etc… aquí nacen las guerras, están las guerras con armas de
fuego, aunque estas a pesar de ser bastantes, no se puede comparar a la
cantidad de guerras que se llevan a cabo en los puestos de trabajo, en los hogares,
en las calles, etc..
La vida es una guerra constante, algunas batallas se
perderán, otras se ganarán, es decir, vivirás toda la vida, peleando por un
puesto de trabajo, por tener más dinero que el vecino, o tristemente por
encontrar un trozo de pan podrido en la basura. Las guerras en nuestra sociedad
son parte de nuestra vida, como lo es comer y beber.
Y es que, siempre existirá en ti al menos una batalla, incluso
en el peor de los casos existirá una batalla por vivir.
Toma el camino correcto, el camino largo, el camino con
piedras puntiagudas y demuestra que vale más tener los pies sangrientos y tener
un lugar donde limpiártelos que no tener nada. Demuestra que sabe mejor una
manzana de tu huerto sin color y sin gusto, que una manzana regalada.
Todos jugaremos sucio alguna vez, pero esto queda marcado en
tu memoria, así que intenta hacerlo el menor número de veces posible y de la
forma que menos perjudique a otras personas, porque luego querrás decir “siempre
fui justo”, pero sabrás que no fue así.
Cuando ganas una batalla, alguien la está perdiendo. Y ganar
sabe bien, pero perder sabe muy mal ( http://vidasincerebro.blogspot.com.es/2014/05/la-victoria-y-la-derrota_28.html).
Así que se justo, y sé el mejor limpiamente.
Gana el mayor número de batallas posibles por ti mismo, y no
por los demás.
Todavía estás a tiempo.

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