La vida es para siempre, una vez
existimos ya significamos algo en la historia. Mover una pierda, pisar una
hormiga (sin querer o simplemente sin pensar)… puede provocar cambios
importantes, o tal vez no. Puede que esa piedra dificulte el camino a algún insecto
cuya finalidad era comerse a la reina de una plaga que acabaría con el mundo o
puede que simplemente fuera ella la reina que iba a poner huevos en ese lugar,
baaaagggh, yo que sé (termino importante en esta redacción). Quizá esa piedra
nunca moleste a nadie y esa hormiga habría sido pisada pocos segundos después por
otra persona, pero ¿y qué? El simple hecho de hacerlo, mejor dicho, el simple
hecho de tener la posibilidad de hacerlo significa que tu existencia puede provocar
cambios en la historia, es decir, existes (y no, no es Nietzsche en este caso
solo queríamos demostrar que somos importantes.)
A partir de aquí nuestros actos
puede ser más o menos importantes, pero al final de la vida, lo que queda… ¿Qué
queda? Solo queda lo aprendido, vivimos aprendiendo en cada momento del día, y
cuanto más sabemos es cuando perecemos (obviamente si viviésemos más sabríamos más
jeje Saludos). Ojala naciésemos sabiendo todo lo que sabemos al morirnos,
porque si de una cosa estoy seguro es de que las mejores personas que nos
podemos encontrar, son generalmente gente de tercera edad. Conocen la vida, sus
limitaciones, saben lo que significa actuar mal, que les rompan el corazón,
perder amigos, familiares, saben que el trabajo y los estudios no son la
felicidad, que el dinero ayuda pero no lo es todo (a todos nos lo han dicho
pero a la hora de la verdad siempre acabamos actuando igual, dinero antes que corazón).
¿Y si hubiese una forma de saber
todas estas cosas que sabemos antes de morir pero desde que nacemos? ¿Por qué
no le dedicamos más tiempo a esto sabiendo que es lo que nos acerca a la
felicidad verdadera? Yo si lo hago, le dedico mucho tiempo la verdad y tengo la
respuesta. Vivimos en un mundo complejo y cuanto más bien intentamos hacer las
cosas más nos damos cuenta de existen cosas que desconocemos, van saliendo
cosas que en un nivel anterior no hubiésemos imaginado, es decir, primero te
harás un bocadillo de fiambre, después intentarás hacerte una tortilla y te
preguntaras cuanto aceite y sal tienes que echarle, más tarde harás tortilla de
patatas, tendrás que cortar y freír las patatas… seguiremos haciendo un cocido
(buenoooo ya la hemos liado), y lo dejaremos en etc..
Es por esto que mi admirado y sabio
Sócrates se consideraba ignorante, y una de sus citas más celebres es la de “solo
sé que no se nada” (cuánta razón tenía).
Por esto no debemos frustrarnos,
simplemente seguir avanzando. Cada persona aprende a su ritmo, algunas llegan más
lejos viviendo menos, otras viven 100 años y avanzan muy poco, bueno, lo
importante no es el final, es el camino, siempre prosperar.
Y… analizando todo lo anterior ¿es más feliz el que más
experiencia tiene? No, nunca.
En primer lugar el término
experiencia es muy relativo, es verdad que las experiencias pueden volver a las
personas malvadas, porque la vida a veces es injusta y hay gente que es incapaz
de perdonar, pero generalmente las personas con más experiencia serán más
educadas, bondadosas, simpáticas, e incluso llegaran a parecer inocentes ¿y que
provocara todo esto? El bienestar de las personas que la rodean.
¿Dónde pretendo llegar? ¿Es más
feliz el que más experiencia tiene?
No nunca, pero si ayudaran a serlo
a las personas que lo rodean.
¿Y si todo el mundo fuese así? ¿Seriamos todos
más felices? ¿Sería todo muy aburrido? O... ¿ya no existirían personas especiales?
Ahora pasamos al siguiente nivel.
Amén.

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