La fuerza
de la luz de las luciérnagas se caracteriza por la las vivencias superadas en
el pasado.
Vamos allá...
Había una vez dos luciérnagas que se encontraron por el camino,
ambas tenían una luz especial, una luz diferente. Ellas mismas al verse se
gustaron, se dieron cuenta de que eran especiales, ambas por igual, que juntas
arreglarían los defectos de la otra, como si fueran el ying y el yang, el bien
y el mal, blanco y negro...
Decidieron continuar el camino juntas, todas las noches las
luces más bonitas del planeta salían de ellas, eran hermosas, pero en conjunto
eran hermosas multiplicado por 100. Poco a poco se convirtieron en
inseparables, era algo mágico. Con el tiempo comenzaron a aparecer algunas
piedras en el camino. Algunas noches una de ellas parpadeaba, pero
estaban tan unidas que cuando una decaía la otra se esforzaba en poner la luz
que le faltaba.
Todo lo superaban juntas, la gente los admiraba. Los envidiaban, y a ellas no
les importaba porque simplemente les daba igual el resto del mundo. El tiempo
pasaba y ellas seguían superando obstáculos, hasta que un día apareció otro
grupo de luciérnagas que venía por un camino secundario. Se unieron a ellas, y
una de las dos luciérnagas, comenzó a despegarse de la otra. ¿Por qué? porque
le parecía más divertido lo nuevo, le llamaba más la atención porque prefería
el placer momentáneo al placer eterno. Poco a poco se fueron distanciando,
hasta que un día el grupo de luciérnagas, decidió que prefería tomar uno de los
caminos secundarios, y las dos luciérnagas que siempre habían estado juntas
tomaron diferentes caminos.
La luciérnaga que continuo con el grupo siguió brillando
los primeros días, algunas noches se unía a una luciérnaga, otras a otra, ella
misma se dio cuenta de que la luz que emitían no llegaba a unos pocos metros, más
adelante comenzó a parpadear porque se dio cuenta de que aquello no era lo que
quería, que aquel placer no le llenaba, que solo le sirvió para distraerse, que
aquello que de verdad necesitaba ya no se encontraba en el lugar... nunca más
volvió a tener aquella luz tan especial.
La luciérnaga que continuó sola, dejo de emitir luz, se pasaba
las horas intentándolo, pero no conseguía nada. Todas las noches encendían una
pequeña hoguera para no morirse de frío, y escribía cartas a su amor,
quemándolas pensando que así quizás de alguna manera la otra luciérnaga supiera
que en algún lugar en el mundo estaba ella esperándola...
No se sabe que fue de ella, algunos dicen que de repente un día
no pudo más y murió sola y sin esperanzas, otros dicen que encontró a otra
luciérnaga que de verdad se dio cuenta de su luz especial, y nunca la dejo
escapar, y otros dicen que consiguió elevarse más allá del cielo y ahora es una
de las estrellas que alumbra el firmamento.
Si te paras a analizar lo que dicen de ella, todas dicen lo
mismo de diferente manera, que al final encontró el cielo.
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